Posteado por: LizardQueen88 | junio 25, 2008

Mi Desierto

El viento cálido propio de la tarde hizo que abriera los ojos, al principio todo era blanco y sólo mis pestañas hacían contraste en esa nívea visión, mientras, me protegían de la misma.

Poco a poco iba apareciendo ante mí un cielo azulado con unas pocas nubes repartidas de forma caprichosa por aquella bóveda que nos vigilaba. Tomé aire, respiré profundamente, olía a madera de forma tan intensa que hasta podría dar una descripción exacta de todos sus matices, y si supiera de perfumes, seguiría sabiendo fabricar aquella esencia aunque mil años hubieran pasado.

Giré la cabeza en la misma horizontalidad en la que me mantenía mi letargo, con la esperanza de encontrar alguna respuesta. Sólo veía arena y más arena. Agrupada en dunas cuidadosamente modeladas por la brisa que llenaba aquella atmósfera dejándome ver toda la gama de colores ocres y rojizos que podía imaginar e incluso más, por que cada pieza era única y especial, cada pedacito poseía una forma, un olor, un color que las diferenciaba del resto, y combinadas iban añadiendo colores diferentes a mi abanico a cada instante que pasaba. Algunos fragmentos incluso brillaban en su lucha contra el sol que daba sentido a todo aquello. Era una delicia para mis sentidos aún mermados, sin duda.

Comencé a levantarme, despacio, despacio, muy lentamente y con cuidado, a ritmo del viento que vagaba sigilosamente esquivando a la nada, mientras susurraba melodías que debía bailar si quería estar en armonía con todo aquello.

El olor a madera no cesaba, comprobé el lado contrario al que había observado antes y lo mismo me encontré, salvo por un par de ramas secas ligeramente chamuscadas por un fuego ya extinguido, a propósito u no.

Palpé con temor aquellos objetos que rompían con el paisaje de algún modo, era áspero y dejó las yemas de mis dedos teñidas con un color grisáceo que iba desapareciendo al contacto con mi pierna y este polvo infernal iba formando progresivamente parte de las melodías del viento.

Eché a caminar despacio, ahora yo también era un factor decisorio que modificaba aquel desolador y a la vez tranquilo paraje. Creaba colores y formas, era poderoso, aquel infinito mar de seco oleaje se antojaba eterno y angustioso.

A medida que el tiempo pasaba, iba fundiéndome en el paisaje, lo modificaba y a la vez era modificado, algo difícil de comprender. Hasta que yo misma me convertí en arena.

 

P.s. Este texto lo escribí para una clase de Lengua Castellana en la Universidad.


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